En contraposición a Mi Tío de América, aquí hay que olvidarse del entorno y de todo realismo, aunque no deje de ser un nuevo experimento con seres humanos de cobayas... si antes estaba el colchón del melodrama, ahora Resnais y Gruault nos piden dar un pequeño paso por nosotros mismos para introducirnos en su mundo. O mejor dicho, en 3: un cuento medieval, una tragedia de entreguerras y una ópera bufa en la actualidad, girando sobre todas ellas una cuestión: ¿es la vida una novela, como decía Napoleón?
Eso parece querer probarse en ambos relatos, que tienen en común la aspiración de llegar a los ideales. Qué mejor lugar para ello que un palacio modernista, casi irreal, apartado del resto de la civilización, deben pensar. Para qué negarlo, a todos nos gustaría poder introducir nuestra vida en una probeta y eliminar elementos molestos (como el estupendo que se levanta a "la" compañera de clase), buscando una armonía total; claro que nuestra idea de armonía no tendrá por qué ser compartida por lo demás, o siquiera respetada; no es suficiente con sacar a los hombres de su entorno, el entorno está demasiado ligado a ellos como para que la solución fuese tan "sencilla". Así, fuera de los dos ejes que mueven el filme (Michel y Élisabeth, ambos animales heridos poniendo en juego sus últimos gramos de inocencia), cuesta ver a personajes mínimamente simpáticos; son personas que, mejor o peor, buscan adaptarse a las circunstancias, sea por impotencia, insolencia, insensibilidad, o por pura defensa... serán ellos quien consciente, o inconscientemente, harán perder a Michel y Élisabeth sus últimos rescoldos de inocencia, esa misma que vinieron a buscar al palacio...
Aunque sea el segmento de entreguerras el más fascinante visualmente hablando, probablemente sea también el más arrítmico, en gran parte debido a la mudez de André Dussollier (ni una sola línea de diálogo!) y a la mediocridad del trabajo de Fanny Ardant, compensado por las secuencias entre Michel (Raimondi) y su padre Zoltán (Fainsilber), uno de los mejores y más marcianos personajes del director... si Resnais anda suelto por el segmento de Raimondi, en el de Élisabeth no sólo respira Gruault, sino Rohmer por los cuatro costados. Un Rohmer mucho más cruel y deslabazado, pero con las excelentes aportaciones del primerizo dúo Azéma-Arditi; su personaje, el supuesto revolucionario, resulta ser un cobarde resignado.. No, ni para él, ni para la moderna de Winkle, ni para Guarini la vida es una novela.. aunque él tendrá el cinismo de afirmarlo ante su octoagésima conquista. Al final son ellos los que salen adelante, y los ideales se quedan en los castillos de las Ardenas...
La Vie Est Un Roman
Dirección: Alain Resnais
Guión: Jean Gruault
Nacionalidad: Francia
Año de Producción: 1982 (estrenada en 1983)
Duración: 106 minutos
Intérpretes: Sabine Azéma, Ruggero Raimondi, Pierre Arditi, Vittorio Gassman, Fanny Ardant, Geraldine Chaplin, Samson Faimsilber, Jean-Louis Richard, André Dussollier
Nominada al césar a la mejor actriz secundaria (Sabine Azéma), y al mejor diseño de producción.
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