Joe Frady cree que podrá engañar a la Parallax haciéndose pasar por un asesino en potencia, desentrañar los secretos de la compañía y sacar un reportaje a la altura del de Woodward y Bernstein... ¿acaso no lo hacía Robert Redford en sus thrillers? ¿no se enfrentaban Alan Ladd o Gary Cooper al mal en la más absoluta soledad? ¿O Dean Martin, ex-alcohólico como él, no lograba increíbles proezas en Río Bravo? Así que, ¿cómo no iba él a vengar a su ex, y lograr la gloria por el camino?.
Supongo que Frady no puede ser consciente que con quien se está jugando los cuartos es con un Pakula en plenitud de facultades, y con unos malos que son -qué curioso- seres pensantes... Frady, un ególatra fracasado y ex-alcohólico, tarda demasiado en darse cuenta que su grandioso plan le supera con una facilidad pasmosa. Y así, en la segunda mitad del filme no tenemos ya a Robert Redford, ni a Alan Ladd siquiera; tenemos a un hombre corriente, incapaz de parar los acontecimientos que pasan por delante de sus ojos, tan inmerso en esa temeridad como para reparar en que su enlace -una especie de senador Palpatine haciendo de funcionario- la única cara de Parallax que él conocerá, es mucho más lúcido y experto que él.
Todos parecen saber qué va a ser de él, de ese individuo patético que resulta ser tremendamente útil. Todos menos el propio Frady, que quizá preferiría verse arropado por un Sidney Pollack que lo rescatase, que lo llevase a una gloria atípica... pero Pakula no ve ninguna necesidad, lógicamente: ¿qué hace un simple ciudadano metiéndose donde no le llaman?. En fin, demasiado John Ford...
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